Yo nací labrador en campos de Castilla,
encallecí mis manos cultivando la tierra,
labrar no es baladí, es también una guerra
en la que hay que vencer para no ser vencido.
Pudo faltarme el aliento en la aradura
más nunca el desaliento he cosechado
he quebrado el timón y la reja más dura
y en más de una cosecha he fracasado.
Ese campo que ves lamiendo la ladera
que parece tocar el horizonte
me conoce por muchas sementeras
y hasta podría llamarme por mi nombre.
Y aunque mi pelo dejó de ser castaño
y mi jornada cada vez es más larga
son cosas de los años, agua pasada
no importa si estaré cuando la luna salga
Y cuando los trigales se agiten por el viento
y las espigas inclinen su cabeza
será un placer formar un gavillero
y contemplar feliz tanta belleza.
Qué misterios ocultará la tierra
que con agua y con sol devuelve tanto
yo le entregué mi vida, mi voluntad, mi esfuerzo,
mi amor, mi tiempo y hasta mi canto…
No es locura pensar que cuando muera
te quiera sobre mí, mi buen pariente,
así seré también yo primavera
y ambos seremos uno eternamente.
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